H I S T O R I A
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Al igual que un ser humano, la Expo'92 tuvo sus padres, familiares, crecimiento, madurez... y muerte. La ciudad de Sevilla, así como sus habitantes, quedaron profundamente marcados por la Muestra. Nuevas calles y rondas, modernas estructuras, turismo masivo, crecimiento económico,... 1.992 fue el año de Sevilla por excelencia, "El Año" por antonomasia, la proclamación al mundo de nuestra historia y universalidad. Todo comenzó el 31 de Mayo de 1.976, cuando S.M. Don Juan Carlos1 anunció oficialmente en una visita a Santo Domingo (República Dominicana) su intención de organizar una exposición de carácter universal que diera a conocer al mundo entero las cualidades de nuestro país así como de las de las naciones iberoamericanas. El motivo sería la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, en 1.492. La idea era, en principio, tan sólo un proyecto, casi una utopía para una España que atravesaba momentos difíciles en lo político, económico y, sobre todo, lo social.

En el terreno político, 1.980 sería el último triunfo de Adolfo suárez, el líder de UCD, pues dimitió en 1.981, accediendo a la Presidencia Calvo Sotelo y sufriendo, además, un golpe de estado. Pero poco antes de esta puñalada contra la democracia, el 26 de enero de ese mismo año, el Ayuntamiento de Sevilla aprueba la petición de apoyo del Estado a la candidatura de Sevilla como sede del magno e indeterminado evento. Aparece en la Moncloa un sevillano del barrio de Bellavista: Felipe González. Este hecho, que parece de poca relevancia en relación con la Expo, puede que sea de los más importantes, pues la Expo'92 (más bien sus consecuencias) llegó a ser conocida años más tarde como el "felipazo".
En 1.982 nace el proyecto "Sevilla 1.992" bajo la mano del Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI). El 15 de Junio de1.983 el BIE (Buró Internacional de Exposiciones) registra en París la iniciativa y concede a Sevilla y a Chicago la posibilidad de organizar la susodicha exposición a celebrar en 1.992 -ambas habían celebrado anteriormente otras exposiciones también de gran carácter-. A finales de ese mism año, el BIE aprueba el Reglamento General para la Exposición y estima un presupuesto de gastos por valor de 183.733 millones de pesetas.
En 1.985 el proyecto está puesto en marcha. Aunque se propuso al arquitecto Ricardo Bofill como Comisario General, se decidió, finalmente, que el hombre ideal sería Manuel Olivenza. En una visita a Sevilla, el Presidente González realizó un vuelo en helicóptero sobre la ciudad y se "descubrieron" unos terrenos conocidos como Isla de la Cartuja. En ella estaba situada el Monasterio de Santa María de las Cuevas, fundado por monjes cartujos. Durante el siglo XIX y parte del XX funcionó como fábrica de loza del marqués de Pickman, aunque avanzada la segunda mitad de este siglo fue abandonada. Los terrenos eran ideales para celebrar una Exposición de tal magnitud. La idea fue lanzada al público ese mismo 1.985 tras haberse seleccionado, definitivamente, el recinto. La novedad la marcaría que la ciudad estadounidense de Chicago sería una segunda sede, es decir, dos "expos" a la vez. En Julio de 1.986 se falla el concurso de ideas para el proyecto de Ordenación del Recinto, adoptando la Isla una morfología ya desde seis años antes. La distribución del terreno en cuanto a diseño funcional y formal se aprobó mediante el llamado Plan Director de la Exposición. Lo ideal sería que su duración fuese de unos seis meses, coincidiendo el día de clausura con el 12 de Octubre, fecha en que Colón llegó a América. Pero por esta regla, la inauguración debía haber sido la apertura el 17 de Abril, que en 1.992 sería Viernes Santo, fecha poco recomendable para que en Sevilla se celebre algún acontecimiento extraordinario, así que se optó por el 20 de Abril como fecha de apertura, quedando la Muestra en una duración de 176 días.


Llegamos a 1.987 y el panorama es algo desolador, pues sólo la República Dominicana se encuentra alistada como participante. Ante tal situación, Chicago decide retirarse y deja a Sevilla sola ante el peligro. De todos modos, desde Estados Unidos aún se seguía afirmando la magnitud e importancia de esta exposición, puesto que incluso el 30 de Marzo de 1.990, Bruce Millan, Comisario de Política Regional de la Comunidad Europea, expresaba lo siguiente: «La novedad que aporta la EUSE'92 es la constante prioridad que se otorga al aprovechamiento del recinto para usos posteriores a su finalización. Resalta la atención que se dedica a este aspecto, poco tenido en cuenta en anteriores exposiciones. De este modo se garantiza una repercusión positiva de Expo'92 en la actividad socioeconómica de Andalucía».
Estas declaraciones demostraron dos cosas: en primer lugar, el nombre de Andalucía sonaba ya en el extranjero aunque a los andaluces no lo parezca ni incluso actualmente. En segundo lugar, ha quedado bien patente el desconocimiento de Bruce Millan sobre la realidad que afectaba al progreso del recinto, precisamente, en este aspecto. Si en el día de hoy hubiese hecho estas declaraciones, habría metido muy a fondo el dedo en la llaga.
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El 10 de noviembre de 1.990, el congresista norteamericano Neal Smith, Presidente del Comité de Presupuestos, dejaba constancia de ello: «Desde Osaka'70 no ha habido, ciertamente, ninguna exposición tan grande e impresionante como esta. Siempre que 110 países se reúnen, donde quiera que sea, tiene que ser algo bueno, pero este es un proyecto impresionante».
El 28 de noviembre de ese mismo año, Felipe González, Presidente del Gobierno, impartió una clase de Historia a base de perogrulladas y alegorías mediante la siguiente declaración: «Expo'92 nos ha dado la plataforma para hacer un enorme esfuerzo de desarrollo de las infraestructuras -autopistas, tren AVE, fibras ópticas, sistemas de telecomunicaciones,...-; la excusa y el estímulo para hacer lo que, probablemente si no hubiera una ocasión de esta naturaleza, uno tardaría décadas en poder hacer a un ritmo de prioridades normales. Hace medio milenio, el encuentro entre dos mundos permitió descubrir que el mundo era uno pero diverso, cambió la propia identificación del ser humano. Casi 500 años después, de nuevo se descubre un mundo único, independiente. Descubrimos que un acontecimiento en cualquier rincón del planeta nos afecta a todos. Que las alteraciones de la capa de ozono no es un problema de unos o de otros, sino de la humanidad en su conjunto. El desarrollo tiene que ser compatible con el medioambiente y esto exige solidaridad».
foto: archivo
A casi un año de la inauguración, el 9 de abril de 1.991, Federico Mayor Zaragoza, Presidente de Unicef, manifestaba lo siguiente: «Expo'92 debe representar el inicio de un milenio en el que los medios de la guerra se pongan al servicio de la paz, de la cultura y de la educación».
Demasiado esperaba el Presidente de Unicef. Expo'92 no fue sino una fecha y un lugar de encuentro universal de donde no se extrajo ninguna conclusión, sino que se continuó defendiendo de manera reservada esas mismas diferencias que aún nos separan; y se siguió pidendo el respeto y la no intromisión para esas diferencias. Difícil, muy difícil en este mundo de ayer y de hoy. ¿Mañana? Tal vez.


Los planes aprobados hasta el momento suponían una exposición con sesenta países representados y un rencinto de alrededor de 300.000 metros cuadrados, pero nada más lejos de la realidad: en Mayo de 1.991 la lista estaba ocupada por 112 países (además de 6 empresas, 23 organismos internacionales y las comunidades autónomas españolas) y, por tanto, el terreno hubo de extenderse hasta el doble.
La inauguración era inminente. Pero la fatalidad llamó a las puertas el 18 de Febrero del mismísimo 1.992. A mediodía, el parque de bomberos de San Bernardo recibía una llamada urgente desde la Expo: el Pabellón de los Descubrimientos estaba envuelto en llamas. Una inmensa humareda de unos cuarenta metros de altura se hizo visible desde cualquier punto de Sevilla. Dos importantes cuestiones pudieron aminorar la gravedad del suceso. En primer lugar, los bomberos tardaron en llegar al recinto alrededor de una hora, cuando en un turismo el recorrido más corto se puede hacer (con atasco incluido) en unos 20 minutos. ¿Por qué no acudieron los correspondientes al servicio de bomberos de la Cartuja? En segundo lugar, el edificio estaba prácticamente ocupado por todos los contenidos, pero no se había instalado aún ningún extintor. Aunque el Cine Espacial Omnimax logró salvar su pellejo, las pérdidas fueron cuantiosas, las lágrimas derramadas numerosas y los litros de tinta en periódicos incontables. Se piensa que el motivo fue la chispa que saltó de un soplete que manejaba un operario. La compañía de seguros Mapfre fue "condenada" a realizar un abono cercano a los 2.000 millones de pesetas. La Expo se quedaba sin su pabellón más emblemático. Se hizo honor al lema "La Era de los Descubrimientos", y el hombre descubrió, aunque por segunda vez, el fuego y sus efectos.Pero la historia de la pirotecnia o cómo desequilibrar una inauguración no acababa en este punto. El 17 de Abril, a tres días de la inauguración, también ardía el Pabellón de las Islas del Pacífico sur. Un operario británico tomó la justicia de su mano y prendió fuego a un edificio que estaba principalmente construido en materiales vegetales, de fácil ignición. Pero los representantes maoríes no se echaron atrá y decidieron reconstruir lo poco que les quedó e inaugurar su pabellón aunque fuese el 12 de Octubre.Llegó la Familia Real el 19 de Abril a Sevilla para hospedarse en los Reales Alcázares. Sobre las once de la mañana del día 20, el alcalde, el Presidente del B.I.E. y el Presidente del Gobierno pronunciaron breves pero interesantes discursos, seguidos finalmente por Don Juan Carlos, quien daba por inaugurada posiblemente la mejor exposición universal que jamás se ha visto nunca. Fue en Sevilla.